Nada

Claudia Paredes

PXL_20201030_030417592.NIGHT.jpg

Nada tiene sentido. Solo, en este apartamento grande y vacio, cerca del mar, muy lejos de Sofía.

Escucho las olas, regidas solo por la luna, las corrientes, las ballenas, los desagües. Indiferentes a la cuarentena. ¿Hace la naturaleza también cuarentena? ¿Pausan los árboles sus hojas, retrasan el vuelo los halcones recién nacidos, dejan las nubes de gotear?

No, no, porque lo veo desde mi ventana, la ciudad cada vez más verde, el musgo acomodándose en las aceras, las ramas de los cedros sin podar. Y me pregunto por Sofía. Si piensa en mí, si me escribe cartas secretas con esos garabatos que no se asemejan a ningún abecedario, si sigue dibujando flores en las paredes de su hogar, que ya no es mío.

Sofía que ya no es mía, sino de su madre, reina del confinamiento, los muros, las reglas, el rencor.

Nos vimos por última vez en marzo, el último día de sol, en el parque de las mariposas. Sofía miraba a las orugas muy de cerca, como si quisiera decirles algo, como si entendiera el idioma universal de las cosas, de los animales y las matas que no tienen límites, porque no los necesitan. Sofía sin límites, bailando al ritmo de mi guitarra, riéndose de mis máscaras, abrazándome como si fuésemos uno. Sofía de los ojos verdes o verdes miel, Sofía sin sospechas ni reproches, Sofía en la cuna, Sofía en mi almohada, Sofía en el mar. Sofía y su primer paso que no vi, Sofía escondida detrás de la cortina, lamiéndose el chocolate de la cuchara, aplaudiéndose a sí misma frente al espejo. Sofía que celebra el mundo al pasar.

Lo decidió su madre, claro. Tu trabajo o tu familia, gritó esa noche después del parque, cuando le conté lo de los nuevos horarios y Sofía con los ojos tan grandes, con una muñeca en cada mano. Yo le respondí que no podía ponerme en esa posición, que buscáramos un acuerdo, que el teatro es de noches y que no hay como más, que volvieramos a empezar, y que... Y ella en el cuarto, desgarrando mi ropa del clóset.

Lárgate, contigo no se puede, vete a donde sea que te tiraste a la fulana esa, qué crees, que no me entero, que soy idiota, que me da la vida para tus caprichos huevones, tus cuentos de actor fracasado, tu inquebrantable separación de la realidad. ¿Qué crees? ¿Qué no tengo una hija que criar?

Ya van tres, cuatro meses de mascarillas sin teatro, de mañanas sin Sofía, de reclamos por teléfono de esa otra mujer que amé unas veces al son de este vaivén del mar. Nada tiene sentido, ni las ramas, ni los halcones, ni los recuerdos. Solo siento a Sofía, lejos, cerca, y el latido de ese pequeño corazón que inunda de esperanza a esta ciudad apagada.

PXL_20201030_030541940.jpg

Claudia Paredes Guinand was born in Arlington, Virginia. She lived in Venezuela and Perú until she settled in Barcelona to study Socio-Cultural Anthropology. She is currently a PhD student in la Universidad Pompeu Fabra. She still isn’t fond of cats, hasn’t gone to the jungle for a while, loves Frida Kahlo (the myth), Raymond Carver’s “Intimacy,” “Tonada de luna llena” (the song) and squirrels. Currently, she is writting a collection of short stories about failure.